domingo, 1 de junio de 2014

12. EDUCACIÓN Y SOCIEDAD

Siendo el humano un ser gregario es la sociedad la que por inercia forma o deforma al hombre y es la EDUCACIÓN el único móvil seguro capaz de romper esa inercia y sus latentes tendencias riesgozas y conducir a todos los humanos conveniente y dignamente.
Es menester recordar que la sociedad tiene dos instancias para cautelar el comportamiento humano: La primera y principal es la EDUCACIÓN que es preventiva y la segunda, complementaria, la JUSTICIA que es correctiva. Si la educación, que cuida, forma y encamina bien, se da en toda su magnitud le deja poco qué hacer a la justicia, mas si una mala educación, que descuida, deforma y extravía, impera entonces la sociedad se descompone y pierde el rumbo con la consecuente violencia e inseguridad social en la que todos perdemos.
Los sistemas instruccionales caducos que aún predominan en las sociedades contemporáneas, humanamente decadentes, con su perversa teoría de "la inteligencia emocional" han exacerbado tanto el individualismo a tal punto que el hombre de hoy ve en cada uno de los demás un competidor, un enemigo con el que debe disputar a muerte un lugar en este sucio mercado en el que el ser humano es un objeto mercantil más.
En esta guerra cada vez más encarnizada, más inmunda perdemos todos y al final irremediablemente lo perderemos todo.
La única, factible, pacífica, urgente y definitiva solución es la educación, empero una educación genuinamente humana.
En humana comunión de padres, docentes y mujeres y hombres de buena fe instauremos la Educación Trascendente como derecho universal de las nuevas generaciones cual vacuna eficaz que destierre, de raíz y para siempre, el abandono, la mediocridad, la corrupción, el pandillaje y la delincuencia y, a su vez, la justicia con firmeza cumpla su cometido ya sea por regeneración o por extinción generacional vegetativa si se da el caso.
Hagamos que la educación con amor nos forme y encamine y que la justicia por amor nos reforme o controle, no queda otra alternativa. La violencia social y la inseguridad ciudadana ya son invivibles y tienden indiscutiblemente a empeorar. Reaccionemos por piedad antes que sea demasiado tarde.
La mejor política, la única doctrina humana es la educación, los demás saberes y quehaceres son muy importantes pero el verdadero valor de éstos depende necesariamente de la educación.
Eduquemos cada sueño, cada impulso, cada actitud y habremos humanizado el mundo con el consecuente bienestar de todos y de todo.  Regeneremos la humanidad.
Convenzámonos, de una vez por todas, que algunas doctrinas filosóficas, religiosas y políticas tienen, cada cual, valores muy rescatables que ofrecer para la construcción de una digna convivencia humana mas sin verdadera educación el comportamiento de la mayoría de sus seguidores es francamente deplorable.
¿Tenemos la suficiente voluntad para velar por que la educación forme humanos o seguiremos dejando que la sociedad continúe  produciendo irresponsablemente bestialidad? La respuesta la tenemos, ineludiblemente, cada uno de nosotros.

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