jueves, 4 de diciembre de 2014

14. LA EDUCACIÓN COMO TRATAMIENTO TRASCENDENTE

Para nosotros, en tanto seres humanos, vivir es ejercer nuestro designio trascendente y educarnos es ejercitarnos para tal ejercicio en el laboratorio mismo del entorno naturosocial que nos ofrece todo, desde lo más sencillo y accesible hasta lo más complejo, remoto o enigmático, para descifrarlo, interpretarlo y recrearlo gratificante y edificativamente. Esa constante y cuidadosa ejercitación es el proceso por excelencia que permite el paulatino y armónico desarrollo de las potencialidades de cada ser humano el que, incuestionablemente, es único e irrepetible, no obstante que este tratamiento formativo es necesariamente colectivo, dada la gregaria naturaleza humana, mas por ningún motivo, pretexto o interés debería ser desvirtuado convirtiéndolo en un simple y mecánico procesamiento en serie como si el ser humano fuese un recurso mercantil más.
El verdadero tratamiento educativo al atender la diversidad está garantizando la igualdad de condiciones y oportunidades para todos, sin excepciones ni exclusiones.
Insistimos en que la Natura ya ha cumplido con hominizarnos sin embargo a la sociedad aún le queda pendiente la responsabilidad de humanizarse al resistirse sistemáticamente a asumir con madurez su inherente e ineludible rol de administrar a todo ser humano el tratamiento espiritual formativo, que por sagrado designio le corresponde, de desarrollarse para trascender su propio soporte biológico a la vez que ir trascendiendo el mundo que le rodea del cual está llamado a ser el virtuoso protagonista.
La Educación como tratamiento trascendente tiene tres misiones:
El Educere(o desarrollo del ser), su rol es eminentemente mayéutico(propiciador, facilitador) pues se encarga de coadyuvar en el despliegue y modelamiento de las actitudes, es decir, de desarrollar y acendrar los sentimientos y equilibrar las emociones. El educere al desplegar nuestras innatas bondades e inhibir nuestras malicias forma en nosotros tres modalidades de actitud: Vivenciales(autoestima, autovalimiento y autorrealización); Convivenciales(estimativa, solidaridad y tolerancia con nuestros semejantes); Intervivenciales(valoración, respeto y protección de todas las entidades del Universo). El ámbito humano del educere es fundamentalmente afectivo y emotivo.
El Educare(o construcción del saber), su rol es eminentemente hermenéutico(interpretativo) pues trata de descifrar, comprender y recrear  este complejísimo código que es el Universo en el que cada una de sus innumerables y diversas entidades constituye un signo cuya decodificación va sirviendo de insumo en la construcción del pensamiento. El ámbito humano del educare es cognitivo, emotivo y creativo.
El Agere(o preparación del hacer), su rol es eminentemente teleológico(objetivos, ideales, finalidad) pues su propósito es la verificación de teorías, planes o proyectos que dan trascendencia a las acciones humanas. El agere lo recrea y verifica todo. El ámbito humano del agere es fundamentalmente factivo y creativo. Claro está que educere, educare y agere son complementarios y juntos hacen del humanno un ser trascendente.

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