lunes, 10 de febrero de 2014

11. DESIGNIO HUMANO Y EDUCACIÓN


Ya hemos dicho que la educación motiva, promueve y orienta la realización perfectible del designio (diseño somatoespiritual) humano.
La educación no es un libreto de marionetas, rígido ni hecho para imponer un adiestramiento en serie, sino, todo lo contrario, viene a ser un conjunto organizado de pautas fundamentales con la suficiente libertad para que cada ser humano creativamente sea el virtuoso protagonista de su propia historia llena de acciones de amor, de afanes y de sueños para propiciar una sana y constructiva intervivencia; tal es el designio humano hecho a la medida del único ser natural trascendente de esta parte del Universo.
El humano es un ser eminente, constante y totalmente educable.
La educación, única arca espiritual de salvación del hombre y, por  consiguiente, de la Vida y la Natura, garantiza el verdadero desarrollo humano  y su trascendente realización en cumplimiento de un  sagrado designio de asumir responsablemente el ejercicio pleno de su humanidad de bien en sus distintas dimensiones: afectiva, emotiva, cognoscitiva, creativa y factiva.
La educación es esa energía espiritual(educare/educere) que empodera al hombre de la voluntad todopoderosa de ejercer su humanidad, desplegando  su bondad y adquiriendo sabiduría, para la preconcepción y puesta en escena de una edificativa y gratificante intervivencia con todas las demás entidades naturosociales.
La Natura, maravilloso, pródigo e inmenso escenario, ha diseñado al humano como un ser dotado de sensibilidad,  creatividad, discernimiento y realización  y le ha encomendado el rol protagónico de esta grandiosa y trascendente obra teatral, la vida, cuya pauta es libre él de recrearla con su inmensa bondad e infinita sabiduría para eternizarla y así trascender.


Aquí quiero dar fe de que la educación nos permite el ejercicio pleno de la bondad (autoestima / estima) la que es probadamente capaz de motivar y desarrollar nuestras virtudes así como de prevenir, curar o reorientar todos los males del hombre: corporales y espirituales; personales, familiares y sociales.  

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